El amor tambien es magia, y la presencia de un mago para bodas en una ceremonia tan clave en la existencia humana, sencillamente será el mejor subrayado posible para tal aseveración.

Así, cada elemento tradicional de la boda será dotado de un halo de afortunada magia, y se convertirán en verdaderos amuletos a lo largo del tiempo, cuando los años de feliz convivencia hagan de la boda una bella y constante remembranza.

Muchas tradiciones, supersticiones y augurios antiguos convergen en la boda, como por ejemplo, el que los novios se pongan una moneda en sus zapatos para seducir a la buena fortuna material. O que el novio debe respetar minuciosamente la rectitud de la corbata pues cualquier torcimiento indicará una pronta infidelidad en el camino a recorrer.

No falta el vestido de mayoritario color blanco como indicación de pureza, aunque a veces se emplea el amarillo (sobre todo en los Estados Unidos e Inglaterra) que resulta símbolo del dios del amor y la segura abundancia. El rojo es más raro, pues implicaba la carencia de virginidad en sociedades prejuiciosas.

El velo era originalmente símbolo de juventud. En el catolicismo deviene prueba de pureza, por lo que no es raro que se emplee doble.